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El estallido

Venezuela, República Dominicana, FVI

Para Mauricio Macri, el resultado de las PASO explica la disparada del dólar y el vacío de poder. No es novedad que los procesos se dan al revés de como los cuenta el presidente. Porque las PASO evitaron el estallido social al que irremisiblemente se dirigía el país empujado por una crisis de inflación y vacío de poder causada por el gobierno. A diferencia de otras situaciones explosivas, esta vez surgió de las PASO la confirmación de una alternativa política, lo que generó esperanza de una salida pacífica y alivió la tensión.

El mismo Alberto Fernández sugirió a las organizaciones que lo mejor era no estar en las calles hasta diciembre, lo cual, tanto lo exprese el candidato como los dirigentes de los movimientos sociales, no deja de ser más que una expresión de deseos ante el descalabro acelerado. En estos escenarios, puestos entre la espada y la pared, los más golpeados reaccionan en forma espontánea o eligen la vía más expeditiva para encontrar alimento.

En la sugerencia de Alberto Fernández subyace la desconfianza que se ha ganado el macrismo por su desprecio a las reglas de juego y su mínimo apego republicano, pese a sus permanentes declaraciones públicas en sentido contrario.

Un temor difundido es que una movilización popular en este momento podría convertirse en la excusa del oficialismo para desatar una fuerte represión, como ha sido su rutina, y provocar hechos de violencia. El cuadro podría justificar así una maniobra de postergación de unas elecciones que la mayoría en el gobierno da por perdidas.

Es una especulación que se basa en antecedentes concretos de este gobierno que difamó y persiguió a la oposición más firme, se encarnizó con sus dirigentes y con los medios críticos, al mismo tiempo que hablaba de “diálogo”, “pluralismo” y “tolerancia”.

Pero esa línea de suposiciones no puede explicar qué haría Mauricio Macri si lograra posponer las elecciones. No tiene más recursos, no tiene credibilidad ni respaldo. Los operadores económicos y las centrales de trabajadores no lo escuchan y hasta el Fondo Monetario prefiere hablar con Fernández.

El dispositivo perfecto de inflación y fuga de capitales fue puesto en marcha la misma semana que asumió Macri cuando subieron diez puntos las tasas de las lebacs y se quitó el “cepo”. Con el levantamiento inmediato de las retenciones y la dolarización de las tarifas, de la nafta y del transporte, nunca más pudo frenar la inflación que duplicó a la que había recibido, igual que la especulación y la fuga de capitales.

El gobierno de Cambiemos estaba terminado a mediados del año pasado y hubiera explotado en ese momento si no recibía el auxilio del Fondo Monetario. Es una máquina de inflación y fuga que se alimenta con la deuda como combustible. Lo que está pasando ahora, hubiera pasado antes de las internas obligatorias y abiertas. Por el contrario, las PASO aportaron un factor de esperanza y alivio ante el desconcierto y la ineptitud del oficialismo desbordado por la crisis.

Perdido en los números macro, el oficialismo no prestó atención a los efectos de la crisis en los sectores más vulnerables. Las expresiones de algunos de los miembros de la bancada de Cambiemos en el debate que aprobó la emergencia alimentaria confirmaron su grado de insensibilidad. “El hambre es una sensación que depende de quién la tenga” se escuchó en el recinto, o “los piqueteros (que serían los hambrientos) son una minoría de la sociedad”. El secretario de Cultura Pablo Avelluto denunció que hablar de hambre era hacer campaña electoral y la inefable Ministra de Seguridad Patricia Bullrich hizo su aporte: “el que tenga hambre, que vaya a los comedores”.

Finalmente la emergencia alimentaria fue aprobada en Diputados y la semana próxima se discutirá en el Senado. Y después habrá que reglamentarla y finalmente aplicarla. Se trata de incrementar la asistencia a comedores populares y escuelas y a todos los programas relacionados con alimentación.

No hubiera hecho falta la movilización que apuró el trámite, ni la ley, si el gobierno hubiera tomado motu proprio esta decisión tan obvia por necesaria. La prioridad es atenuar el drama humanitario, pero aportará también a la estabilidad institucional. Encerrado en su clasismo de chicos ricos, el gobierno ni siquiera puede darse cuenta que lo favorece.

Las PASO no hicieron saltar el dólar ni generaron el vacío político. Lo que sí produjeron fue el efecto del “rey está desnudo”, como en el cuento. Toda la construcción de propaganda y mentiras que propalaron los medios y periodistas del oficialismo y sobre la que se asentó su “superioridad moral” se disipó cuando la crisis prendió la luz.

Y tuvo ese efecto de derrota moral y simbólica porque fue Cristina Kirchner, la más difamada, insultada, perseguida y hostigada durante los cuatro años del gobierno macrista, la que diseñó la propuesta que ganó respaldo masivo. Y en esa propuesta, ella misma, tiene un papel relevante hacia el futuro.

Todo lo que dijeron medios y periodistas, lo que actuaron los funcionarios judiciales del oficialismo, fue despreciado en un instante en el cuarto oscuro. Sin eso, lo único que les quedó ha sido la imagen de una banda de millonarios mediocres que hicieron grandes negocios al tiempo que hundían al país.

En el oficialismo reconocen que están de salida. Están los resignados y los están los que sufren contando los días que faltan. Tienen un voto que todavía los respalda, pero ya no son hegemónicos, se convirtió en un voto callado, vergonzoso. Las encuestas los sitúan en los 35 puntos y a los Fernández superando los 50.

Como tienen la obligación de llegar hasta octubre y después hasta diciembre, la estrategia de Cambiemos se orientará a que la formula del Frente de Todos no alcance los 45 puntos, lo que achicaría la diferencia y así podrían pasar a un ballotage en el que suponen que lograrán más apoyos. En la otra punta, Alberto Fernández buscará pasar los 50 puntos porque necesitará un respaldo contundente para sobrellevar los primeros meses y la dura negociación con el Fondo.

Las cifras pueden bajar. Macri hace campaña solo. El viernes tenía que inaugurar un tramo de la autopista Pilar-Pergamino. Estaba solamente Javier Martínez, el intendente de Pergamino. Nicolás Ducoté, prominente figura de Cambiemos en la provincia de Buenos Aires, e intendente de Pilar quedó boyando a dos aguas después que circuló uno video donde algunos de sus seguidores mostraban cómo cortar boleta para votar a Alberto Fernández.

La gobernadora María Eugenia Vidal tampoco fue de la partida. Prefirió concentrarse en Mar del Plata, donde su candidato Guillermo Montenegro compite con Fernanda Raverta, del Frente de Todos. Según sus colaboradores la idea de Vidal es convertir a Mar del Plata en un baluarte del PRO (si gana) desde donde reconstruir la fuerza provincial de Cambiemos.

Es un momento de inversión de la fuerza del ciclo neoliberal en Suramérica. El opositor venezolano Juan Guaidó, al que Macri y Estados Unidos reconocieron ilegalmente como presidente de Venezuela, apareció en fotografías con narcos colombianos. El diario El Mercurio de Chile publicó una solicitada para reivindicar el golpe de Pinochet que provocó una ola de repudios en Chile y en otros países.

En la entrevista con PáginaI12 , Lula adelantó que las privatizaciones que se propone Jair Bolsonaro, el pirómano de la Amazonia, serán más profundas que las del menemismo en Argentina. “Vamos a privatizar todo, incluso Petrobrás” afirmó su ministro de Hacienda, Paulo Guedes, pero la gestión de Bolsonaro se incendió con la Amazonia, no tiene consenso internacional.

El ciclo neoliberal en Suramérica cede a ritmo acelerado, no solamente pasa con Macri en Argentina. Lo mismo sucedió con Lenin Moreno en Ecuador, al tiempo que Rafael Correa recuperó espacio. Apunta a ser un ciclo corto. Pero la destrucción que dejará incluye presos políticos, deudas calamitosas, destrucción de riquezas que son irrecuperables y un rescoldo ideológico retrógrado y autoritario. El daño ha sido grande y la reconstrucción no será fácil.